Esto es lo que me dijo un joven jugador de fútbol francés (11 años) al hablar de sus reacciones coléricas en el campo de juego cuando las cosas no le iban como él esperaba. Lo que me estaba diciendo realmente es que había notado que cuando se enfadaba tenía más energía y esa la utilizaba (bueno, eso es lo que él creía) para correr más o para luchar más un balón.Como esos días estaba jugándose la Eurocopa de Fútbol, aprovechamos para ver varios ejemplos en los que algún jugador que perdía el balón si luego corría a intentar recuperarlo lo hacía con tanta rabia y tan fuera de sí que solía hacer "falta", con el consiguiente perjuicio para su equipo, además muchas veces le sacaban tarjeta...
Algunos deportistas se "agarran" a la hostilidad como tabla en la que flotar para alcanzar el vigor y la tensión que necesitan para rendir al máximo, sin embargo, hoy en Psicología del Deporte sabemos que no es un buen barco en el que navegar. Ya que esta dimensión emocional, entre otras cosas, nos empuja muchas veces a tomar decisiones precipitadas y erróneas, desvía nuestra atención hacia elementos no relevantes, nos bloquea los mecanismos de la percepción fina y nos hace perder el control sobre nosotros mismos y nuestra tarea.
He visto a medallistas Olímpicos y Mundialess usar la hostilidad para tratar de alcanzar sus objetivos, manejando muy sutilmente esa "energía extra", alguna vez les ha salido bien; también se puede conducir saltándose los semáforos en rojo, pero no es la mejor manera de asegurar el viaje.
Resulta muy clarificador al respecto el trabajo del profesor Arruza y la profesora Balagué titulado "Rendimiento deportivo e influencia del Estado de Ánimo, de la Dificultad Estimada y de la Autoeficacia en la Alta Competición" (Revista de Psicología del Deporte. 1998. Vol 7, num. 2. pp 193-204), en él aparecen interesantes correlaciones entre la hostilidad, la tensión y la fatiga; estando además, la fatiga correlacionada con la dificultad percibida y esta a su vez (negativamente) con el grado de confianza.
He trabajado con algunos deportistas que manejaban "bruscamente" sus emociones, que intentaban solucionar situaciones que les sobrepasaba dando palos de ciego; y no es tarea fácil, sin embargo, a la mayoría, el conocimiento y las herramientas proporcionadas les ha hecho mejorar y en muchos casos "ser dueños" de lo que piensan y sienten.
Un buen manejo de las emociones nos permite enfrentarnos a grandes retos, porque como dicen los profesores Richard S. y Bernice N. Lazarus en su libro "Pasión y razón: la comprensión de nuestras emociones" (Ediciones Paidós Ibérica): “... las emociones son una herramienta vital para avanzar en el mundo...” .




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