Creer

Estos días me estoy acordando de una situación que viví con Iván y Jon (nombre ficticio). El primero es portero y el segundo jugador de campo, ambos pertenecían a las categorías inferiores del Hércules CF, en ese momento tenían 11 y 22 años respectivamente.
Llevaba Iván un trimestre rindiendo de manera irregular en el colegio y los padres estaban algo preocupados, así que hablaron con el entrenador y este le dio un toque que no sirvió para mucho pues las notas no mejoraron, por lo que el mister decidió no convocarlo para los siguientes partidos hasta que no se pusiera en serio con los estudios.
Y así llegó el primer partido al que no estaba convocado, pero Iván se sentó en las gradas de la Ciudad Deportiva para ver a sus compañeros. Por circunstancias del juego expulsaron al portero suplente (que estaba jugando de titular) y el entrenador desconcertado miró a las gradas donde estaba Iván y ¡ay!, este con cara de emoción sacó de su bolsa las botas, la equipación oficial y los guantes y los agitó al aire para que su entrenador los viera y supiera que podía contar con él. Y así fue. Iván se vistió de portero y jugó el partido.
La situación de Jon era otra, acababa de pasar al primer equipo y según el entrenador no estaba dando su nivel, por lo que me propuso trabajar con él. Antes de quedar con el jugador para la primera sesión fui a verle un partido. Empezó el encuentro y Jon no salió a jugar de inicio, era un partido duro y trabado contra un equipo muy aguerrido, pero aún así los jóvenes de la cantera del Hércules iban ganando al finalizar el primer tiempo, por lo que el entrenador le dijo a Jon que iba a jugar en la segunda parte. Y al levantarse Jon del banquillo, me di cuenta que lleva las botas desabrochadas...
No tenía ninguna esperanza de que le sacaran en el primer tiempo, así que no hizo nada para estar preparado por si llegaba su oportunidad. Al contrario que Iván, Jon no confiaba en él, es más confundió la confianza del entrenador en él con su propia confianza.
Albert Bandura define la autoeficacia como la: “creencia en las propias capacidades para organizar y ejecutar los cursos de acción requeridos para producir determinados logros”. Y esta influye en nuestras elecciones, en el esfuerzo que ponemos y en la persistencia ante las adversidades, entre otras variables.
Iván hizo todo lo que estaba en su mano (siguió entrenando con seriedad, fue al partido, se llevó la equipación, siguió el encuentro con interés...), qué más podía hacer (¡a parte de estudiar, claro!) y no se preocupó de lo que no dependía de él.

Porque creer en uno mismo (tener confianza) es hacer todo lo que esté en mi mano, es hacer todo lo que dependa de mí, es no guardarse nada.
Cuando estamos preparados, cuando creemos en nosotros y en nuestras posibilidades, cuando hacemos todo lo necesario... hay muchas probabilidades de que las cosas ocurran como nosotros hemos previsto, y si no, nos quedará la satisfacción de haber hecho todo lo posible.
No es la primera vez que algún deportista al que dan por perdido y con el que no cuentan tiene su oportunidad por distintas razones (lesiones de los compañeros, errores administrativos, cambio de entrenador...). Y sólo los que estén preparados, los que estén comprometidos con seguir mejorando, los que hagan todo lo que esté en su mano para rendir cuando llegue este momento, sólo los que crean en ellos podrán darlo todo y estar satisfechos.
¡Ah! De Iván sé que está en un equipo de primera división y a Jon (que consiguió volver a ser titular) le perdí de vista aunque espero que siga con las botas atadas.